divendres, 23 de setembre de 2016

Silencio

Y es que a veces me duele el alma de tanto pensar.
Y es que a veces me duele el alma de tanto dolor.

Una fuerza que te arrastra, tanto que aprender.
Te deslizas lentamente al son de las horas, de los segundos, la inercia te hace continuar, lo aprendido, lo que te ha golpeado te hace seguir.
Notas que se desliza entre tus dedos, se te escapa y no puedes atraparlo para tenerlo junto a ti para siempre.

Dicen que los golpes enseñan, agotada de tanto duelo, de tanto dolor, que te hace crecer, te fortalece.
Necesitaría que estuvieses aquí, te podria contar cuanto te echo de menos. Como de importante fuiste para mi, con tus silencios, tu calma. En la sombra, pero siempre cerca.

Te contaria que ha sido un año muy duro. El más duro de mi vida (quizá vengan más, seguro), te diria que estoy cansada. Que hay días que no puedo más. Pero me levanto y sigo, sigo con la fuerza que jamás pensé que tendría. ¿Sabes que se fue una pequeña estrella? Cuídala, sé que lo harás, dile que la quiero en el alma, tanto, que duele.

Y te encontrarás con él, dile que le echo tanto de menos. Dile que le quiero, ahora que todos los recuerdos habrán vuelto a él. Ya sabrá quién soy otra vez.

Y aún sin conocerla casi, cuando la veas, dile que fue imprescindible para nosotras, en su soledad, nos acompañaba en nuestro camino.

Me duele el alma. Pero sé que te necesitaban más que aquí, que las cosas buenas se tienen que compartir y no han podido encontrar a nadie mejor. Aquí, no has podido hacerlo mejor.

Te quiero.